Las cinco preguntas más frecuentes sobre la fascitis plantar.

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La fascitis plantar puede afectar a una de cada diez personas. Se trata de una patología cada vez más frecuente. En gran parte debido al incremento de la práctica deportiva en general, y del running en particular, últimamente bastante de moda.

Se trata de un dolor del talón muy intenso, y que llega a ser incapacitante según el caso, incluso llegando a impedir caminar. En concreto, supone la inflamación de la fascia plantar, el tejido grueso en la planta del pie que cubre los huesos en el fondo del pie, bien porque se estira o porque se ha sobrecargado demasiado.

“Es igual de frecuente en hombres que en mujeres, y representa una de las dolencias ortopédicas más comunes del pie. Esta estructura es una banda fibrosa muy resistente que actúa como un ligamento, y además de tener una función amortiguadora en la planta del pie, contribuye al correcto mantenimiento del arco plantar longitudinal del pie”

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Según indica, la anatomía del pie es muy compleja y la fascia resulta “fundamental” para el correcto entendimiento de la mecánica de la marcha, la carrera y el salto.

“Es esencial conocer la fascitis plantar para entender correctamente cómo se puede desencadenar, y cómo podemos tratar esta enfermedad”, asegura este experto, quien responde a continuación a las 5 preguntas más frecuentes sobre esta patología.

¿QUÉ FAVORECE LA APARICIÓN DE LA FASCITIS PLANTAR?

El traumatólogo del Hospital Quirónsalud San José de Madrid aclara que existen varios factores de riesgo que pueden llevar a la fascitis plantar: El sobrepeso y la obesidad; los pies cavos o con mucho puente; desequilibrios en la potencia de los grupos musculares de la pierna, predominando la contractura, o la falta de longitud de los gemelos o el sóleo; deportes de impacto, como corredores, saltadores, o que implican arrancadas súbitas, como el tenis o el pádel; así como la introducción de actividades deportivas a las que no estamos acostumbrados, que implican ir demasiado rápido, o con una carga excesiva de entrada, o bien, ante un aumento súbito de la actividad deportiva.

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¿CUÁLES SON SUS PRINCIPALES SÍNTOMAS?

El doctor Cobos Morales subraya, además, que la clínica de los pacientes es predominantemente de dolor en la planta del pie, cerca del talón, siendo más intenso por las mañanas al levantarse de la cama, o bien tras periodos de reposo habituales del día, como al parar a comer, o al sentarse un rato a descansar.

Indica igualmente que puede producirse dolor al final del día. “Suele ser un dolor de no muy alta intensidad, pero muy incómodo, que muchas veces lleva a necesitar analgésicos para poder llevar un día normal, con mejoría, pero no suelen eliminar por completo el dolor. Muchas veces, éste es el motivo por el que algunos pacientes tardan en consultar”, lamenta el experto.

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¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

Este especialista remarca que el diagnóstico es fundamentalmente clínico, se realiza tras escuchar al paciente, y con la debida exploración del pie y sus grupos musculares. Eso sí, precisa que en ocasiones, como en los casos crónicos o que no mejoran con el tratamiento, se puede apoyar el diagnóstico en las pruebas complementarias para descartar otras patologías asociadas que puedan confundir a los expertos, puesto que clínicamente a veces se manifiestan de forma parecida.

EL TRATAMIENTO INDICADO

En el caso de pacientes que llevan muy poco tiempo de evolución, o que no han hecho tratamiento reglado, el traumatólogo dice que lo recomendable es comenzar con medidas conservadoras:

1.- Estiramientos del gemelo y del sóleo. Permitirán resolver en muchos casos la contractura que la provoca. Eso sí, “esto no suele ser inmediato”, por lo que aconseja hacerlos muy frecuentemente. “No debemos olvidar, además, estirar de forma correcta la propia fascia plantar para aliviar su tensión. La fisioterapia puede ser de gran ayuda para acelerar este proceso de estiramientos”, valora Cobos.

2.- Masaje de la fascia plantar, y aplicación de hielo o frío en la planta del pie.

3.- Taloneras de silicona. Producen alivio rápido al mejorar la mecánica, pero a la larga pueden contracturar aún más el gemelo. “Únicamente sería recomendable usarlas cuando el dolor es muy intenso, y retirarlas en cuanto los estiramientos y analgésicos logren la mejoría suficiente para poder llevar a cabo sus actividades sin ellas”, advierte.

4.- Infiltraciones corticoanestésicas, ya que es posible infiltrar la zona inflamada de la fascia plantar bajo control de ecografía, con el objetivo de quitar el dolor con el anestésico local, y la inflamación con el corticoide.

“Algunos estudios indican que éste último puede atrofiar la grasa plantar o la propia fascia, y generar su ruptura, especialmente si las infiltraciones son repetidas, por lo que muchos traumatólogos no las recomiendan de forma rutinaria”, avisa el especialista en Cirugía Ortopédica.

¿QUÉ HACER ANTE LA REINCIDENCIA?

No obstante, y ante la reincidencia en muchos casos, el doctor Cobos, recuerda que pueden recomendarse tratamientos quirúrgicos como el alargamiento proximal del gemelo interno, que consiste en acceder por la parte posterior de la rodilla mediante una pequeña incisión, al vientre proximal del gemelo interno, y cortar las fibras rígidas que lo envuelven, para así conseguir el alargamiento del músculo.

Proporciona alivio en los primeros días, y dice que se realiza de forma ambulatoria, sin ingreso. “Es una técnica muy poco invasiva y muy bien tolerada”, celebra.

Otra de las posibilidades es el alargamiento del tendón de Aquiles, o bien la fasciotomía parcial o total, que implica la sección parcial o total de la fascia plantar en su inserción en el calcáneo, de forma poco invasiva y guiada por ecografía.

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