Las 5 diferencias entre probióticos y prebióticos.

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Los microorganismos que habitan de forma natural nuestro cuerpo son vitales para gozar de un buen estado de salud.

Lejos de ser una amenaza, estos seres microscópicos ayudan a la digestión, estimulan el sistema inmune, nos protegen frente al ataque de patógenos, permiten una buena salud de la piel, producen vitaminas y ácidos grasos e incluso podrían estar relacionados con la salud mental.

Nuestro cuerpo es un ecosistema extremadamente rico y variado. Somos el hogar de unas 100 millones de millones de bacterias, pertenecientes a miles de especies distintas. Para que este medio funcione correctamente, es importante que todas estas poblaciones crezcan correctamente y que dispongan de todos los nutrientes necesarios.

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Sin embargo, como pasa en muchos ecosistemas de la Tierra, pueden haber perturbaciones que alteren el equilibrio de las especies. El problema es que si esta alteración sucede en nuestro cuerpo, nuestra salud se va a ver comprometida.

Hay muchas circunstancias que pueden afectar a la viabilidad de nuestra microbiota, derivando en problemas de salud más o menos graves. Afortunadamente, hemos desarrollado estrategias capaces de prevenir o revertir esta situación: los probióticos y los prebióticos.

Estos “alimentos” permiten que nuestra microbiota esté sana y que, por lo tanto, nosotros también lo estemos. De todos modos, es común confundir estos dos términos. Por ello, en este artículo entenderemos qué son los probióticos y los prebióticos y remarcaremos las principales diferencias entre ellos.

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¿Cuál es la importancia de la microbiota?

En nuestro cuerpo, por cada célula humana, hay una bacteria. Este dato ya tendría que ser suficiente para entender la importancia que tienen los microorganismos en nuestra salud, pues el sistema inmune permite que bacterias colonicen partes de nuestro cuerpo, algo que no dejaría que sucediera si no supusiera grandes ventajas.

No hay que relacionar “microorganismo” con “enfermedad”, pues de las millones de especies de bacterias que existen, solo unas 500 son patógenas. Y es que hay que algunas que, además, son imprescindibles para nuestra salud y que conforman la microbiota.

La microbiota es el conjunto de microorganismos de distintas especies que se localizan de forma natural en distintos órganos y tejidos de personas sanas. Así, los humanos establecemos con las bacterias una relación de simbiosis en la que ambas partes recibimos beneficios: las bacterias obtienen un lugar y nutrientes para crecer y nosotros nos beneficiamos de las funciones que realizan en nuestro cuerpo.

¿Qué sucede cuando la microbiota se altera?

Como hemos dicho, esta microbiota tiene muchos efectos beneficiosos para nuestra salud, pues se encuentra en prácticamente todos los órganos y tejidos a los que puede acceder. Somos un auténtico zoológico de bacterias.

Sin embargo, el lugar de nuestro cuerpo con más microorganismos son, sin duda, los intestinos. Ahí encontramos más de un millón de millón de bacterias pertenecientes a más de 40.000 especies distintas. Todas estas, para que la microbiota funcione adecuadamente, deben estar en un delicado equilibrio que puede ser alterado fácilmente.

Esta alteración recibe el nombre de disbiosis. Cuando las poblaciones desaparecen, pierden su lugar o no reciben los nutrientes necesarios, este equilibrio puede romperse, lo que provoca que no podamos digerir correctamente los alimentos, que los movimientos intestinales no sean los adecuados, que no absorbamos el calcio y el hierro, etc.

Por lo tanto, alteraciones en la microbiota acaban comportando problemas de salud como diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, gases… Incluso pueden derivar en trastornos más graves como la diabetes, enfermedad celíaca, alergias, cáncer colorrectal, enfermedad inflamatoria intestinal o afecciones hepáticas.

Se está estudiando también la posible relación entre la disbiosis y el desarrollo de enfermedades mentales como la ansiedad y la depresión, pues los intestinos y el cerebro están estrechamente conectados.

Hay distintas situaciones que pueden conducir a una alteración de la microbiota intestinal. Las más comunes son no llevar una alimentación adecuada, tomar antibióticos (matan también a las bacterias beneficiosas de nuestro cuerpo), sufrir alguna enfermedad que altere la composición microbiana, tener sobrepeso, etc.

¿Se puede prevenir o revertir la disbiosis?

La disbiosis, que es la alteración de la microbiota, puede prevenirse y revertirse. Es decir, hay maneras de evitar que las comunidades de microorganismos sean alteradas y también hay formas de, una vez se ha roto el equilibrio, volver a la normalidad.

Los prebióticos y los probióticos son unos “alimentos” con la función de mejorar la salud de nuestro microbioma, propiciando el mantenimiento de su equilibrio para que las bacterias desempeñen sus funciones como es debido.

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Diferencias entre probiótico y prebiótico

La función de los probióticos y los prebióticos es similar, pues a grandes rasgos, ambos se encargan de mantener saludable la microbiota intestinal o de revertir las alteraciones que puedan suceder.

Sin embargo, hay algunas diferencias entre ellos que son importantes conocer, pues es muy probable que algún día necesitemos tomar alguno de estos dos. A continuación presentamos los aspectos más importantes en los que se diferencian.

1. ¿Qué son?

La principal diferencia entre probióticos y prebióticos, y de la cual derivan todas las demás, está en la naturaleza de ambos.

Los probióticos son microorganismos vivos que introducimos en nuestro sistema digestivo. Consumimos alimentos que tienen bacterias o levaduras para que estas lleguen a nuestros intestinos, aunque también pueden consumirse en forma de pastilla, es decir, como medicamento.

Los prebióticos, en cambio, no tienen microorganismos vivos. Los prebióticos están constituidos por por fibras vegetales que estimulan el crecimiento de las bacterias que ya habitan nuestros intestinos. Es decir, no estamos añadiendo nuevos microorganismos, sino que estamos potenciando el desarrollo de los que ya tenemos. Nosotros no podemos digerir estas fibras, pero las bacterias sí que pueden.

2. ¿Dónde podemos encontrarlos?

La fuente de probióticos más conocida es el yogur, pues este tiene microorganismos vivos (“Lactobacillus” y “Bifidobacterium”) que ayudan a mejorar la microbiota de nuestros intestinos. El resto de leches fermentadas también son una buena fuente de probióticos, igual que los alimentos enriquecidos con bacterias (como por ejemplo el chucrut). De todos modos, los probióticos también pueden encontrarse en medicamentos o en forma de suplementos.

En el caso de los prebióticos, no es necesario que en el alimento haya bacterias. Por ello, su obtención es más fácil. Los prebióticos se encuentran de forma natural en muchas frutas y verduras: espárragos, plátanos, ajo, alcachofas, tomate, puerro, trigo, cebollas… Todos estos alimentos tienen una fibra que nosotros no podemos digerir pero que sí que ayuda a la microbiota a crecer. De todos modos, también pueden obtenerse prebióticos a través de suplementos.

3. ¿Cuándo se utilizan?

Pese a que hay excepciones, podemos decir que los probióticos son para revertir, mientras que los prebióticos son para prevenir.

A pesar de que los alimentos que los llevan son de consumo diario, los probióticos en forma de medicamento se utilizan cuando, a causa de una infección gastrointestinal o del consumo de antibióticos, ha habido una alteración de la microbiota. Por lo tanto, los probióticos son útiles para repoblar las comunidades bacterianas y evitar que nuevos patógenos se asienten en los intestinos.

Los prebióticos, en cambio, suelen utilizarse más a modo de prevención. Llevar una dieta rica en fibras vegetales ayuda a que la microbiota se desarrolle adecuadamente y que sea más resistente a posibles infecciones o alteraciones.

4. ¿Cuáles son sus beneficios?

Los beneficios de los probióticos dependen de la especie bacteriana que estemos introduciendo en nuestros intestinos, por lo que habría que evaluar cada especie (e incluso la cepa) de forma individual. En líneas generales, los probióticos nos dan beneficios al repoblar nuestra microbiota, curando los problemas gastrointestinales (diarrea, estreñimiento, dolor abdominal…) y potenciando el sistema inmune. De todos modos, todavía no hay pruebas concluyentes de que los probióticos sean realmente tan beneficiosos, pues algunos estudios no acaban de confirmar que mejoren notablemente el estado de salud de los intestinos.

Los prebióticos no son tan invasivos para nuestros intestinos ya que no estamos introduciendo microorganismos vivos, simplemente estamos ayudando a que los que ya tenemos crezcan mejor. Por ello, sus beneficios (que sí que están más demostrados) incluyen: mejorar el tránsito intestinal, estimular el sistema inmune, favorecer la síntesis de vitaminas, evitar el estreñimiento, reducir los gases, mejorar la absorción de calcio y hierro, reducir el riesgo de sufrir cáncer colorrectal, etc.

5. ¿Son igual de seguros?

Pese a que normalmente son seguros, los probióticos pueden resultar peligrosos en algunos casos. No olvidemos que estamos introduciendo microorganismos vivos, por lo que no sabemos con exactitud cómo reaccionará nuestra microbiota. Evidentemente, en el caso del yogur y otros alimentos, no hay ningún problema. El verdadero riesgo viene con los medicamentos y suplementos probióticos, pues se ha visto que en pacientes hospitalizados e inmunodeprimidos, las bacterias administradas pueden comportarse como patógenos.

Los prebióticos, es cambio, no pueden hacernos ningún daño. Simplemente consumimos una fibra para potenciar el crecimiento de las bacterias que habitan nuestro cuerpo de forma natural. Toda dieta sana debe incluir alimentos con potencial para funcionar como prebiótico, pues es la mejor manera de mantener el equilibrio de nuestra microbiota y no tener que recurrir a los probióticos.

Ambos son seguros, pero los probióticos administrados en forma de suplemento pueden ocasionar afecciones en la población de riesgo. No hay ningún problema en consumir alimentos con microorganismos vivos como el yogur o el chucrut ni en tomar suplementos después de haber seguido un tratamiento con antibióticos.

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