La playa, la terapia más completa.

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Lo primero que hacemos al llegar a la playa, a no ser que la arena esté ardiendo, es descalzarnos. Pues justo en este momento empieza la sesión de “terapia”. Por un lado la arena es un exfoliante natural que nos está dejando unos talones nuevos y por otro, su textura granulada masajea las plantas de los pies, donde se sitúan una gran cantidad de terminaciones nerviosas que controlan las funciones vitales básicas. De este manera, con este agradable masaje, estamos relajándonos, la sensación de bienestar ayudará a liberar estrés y es perfecto para las personas que padecen ansiedad. Así que si estás un poco agobiado, vete a la playa y camina.

Porque precisamente caminar sobre la arena es una actividad perfecta para todas las edades que contribuye a varias cosas:

  • Aumenta y tonifica la musculatura de nuestras piernas y glúteos. 
  • Contribuye a reducir la osteoporosis. Caminar aumenta la densidad ósea y al hacerlo en un terreno que presenta resistencia, como es la arena, este beneficio se multiplica. Además al hacerlo bajo el sol sintetizamos mejor la vitamina D, estupenda para la salud de nuestros huesos.
  • Si caminamos a la orilla del mar, los minerales del agua, sobre todo el yodo y el sodio nos ayudarán a prevenir o reducir las varices.
  • Con el ejercicio fortalecemos nuestro sistema cardiovascular.

Un ejercicio estupendo por tanto, pero que como cualquier actividad física,hay que saber hacerlo con precauciones. Por ejemplo, si tu forma física no es la mejor, camina sobre la arena mojada, que ofrece algo menos de resistencia. La arena seca supone un mayor esfuerzo y puede causarte agujetas. Pero si tu forma física es buena, la arena seca es perfecta, incluso harías más ejercicio caminando con el agua a la altura de la rodilla. Así piernas y glúteos harían un excelente ejercicio y además de esto, estarías estimulando el flujo sanguíneo, beneficiando de paso a tu corazón. 

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Si finalmente te decides por caminar dentro del agua, prepárate para un baño de salud. Los beneficios del agua marina se conocen desde hace más de cuatro mil años, en aquella época en China incluso se consumía tanto agua salada como algas para mantenerse sano. Y es que el zinc, el yodo, el potasio y sus oligoelementos la convierten en una excelente aliada para la piel y el cuerpo. Aquí os dejamos algunas de sus propiedades.

  • Contribuye a la rápida cicatrización de heridas.
  • Sus componentes hacen que la brisa del agua marina ayude a los pulmones a eliminar toxinas, con lo cual es un lugar perfecto para personas con problemas respiratorios.
  • Ayuda a disminuir los dolores propios de enfermedades reumáticas como artritis y artrosis.
  • Recomendada para personas con psoriasis.
  • El yodo del agua relaja nuestros músculos y contribuye en la recuperación de ciertas lesiones musculares.

Además de todo esto tenemos que añadir los beneficios del sol, por todos conocidos y relacionados con los estados de ánimo. De esta manera, una jornada disfrutando del sol, haciendo ejercicio, relajándonos sobre la arena y dándonos un baño relajante, se convierte en toda una terapia para nuestro cuerpo y nuestra mente. Y recordad que aunque no toméis el sol como los lagartos la protección solar es fundamental.

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